CONSIENCIA ECOLOGICA

En este sentido, llamaremos “ética ecológica” Amerindia a aquellos elementos filosóficos que hemos interpretado en el pensamiento mítico referidos a la naturaleza en su concepción del origen. Esto lo iremos demostrando a lo largo del desarrollo de este trabajo, para lo cual partimos del análisis e interpretación de algunos textos míticos amerindios, los cuales se caracterizan por su modalidad: “habría que aprender a superar, sin sentirse incómodo o con mala conciencia, los límites de nuestra cultura escrita, para oír y darle su lugar también a otras fuentes trasmisoras de pensamiento, cuyas voces no objetivan su decir en la escritura, sino que lo transmiten en su específica cultura oral”. 
La naturaleza para la conciencia mítica constituyó la esencia y presencia de una divinidad. Ella al ser venerada como ente sagrado, fue respetada por todos, siendo estimulado dicho respeto por chamanes, sacerdotes y ministros comunitarios. Dejando huella testimonial oral o escrita en los cantos, en la poesía y en los mitos de la creación. 
Nuestro norte es dar a conocer algunos elementos filosóficos, éticos-ecológicos desde el pensamiento Amerindio como un camino abierto para vislumbrar elementos de una ética ecológica latinoamericana, desde el decir mítico simbólico, en virtud de estar allí radicalizada una concepción filosófica de la vida, configurada en el respeto y la armonía con la naturaleza. 


En la filosofía cultural encontramos elementos que la distinguen, uno de ellos para el Amerindio es lo sagrado de la naturaleza, esto evidencia una ética muy particular de ellos, pues se trata del respeto a la naturaleza. Para nosotros cobra una dimensión de trascendental importancia porque se centra en una filosofía de la vida, pues los elementos que les brinda la naturaleza son tomados con agradecimiento y sabiduría, puesto que son para la subsistencia, al mismo tiempo que está orientada a la convivencia y al diálogo comunitario, del cual tenemos mucho que aprender, en virtud que cada día se apodera de nosotros la individualidad, donde el otro no cuenta, y casi no se percibe el “nosotros” como elemento principal de la intelectualidad. 








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